Hace ya tiempo que me contaron la leyenda de la cueva del "Alto de la Gruta". Cuando lo hicieron, me pareció invención de los lugareños para darle alguna explicación a los extraños ruídos que de allí salen todas las noches cuando la luna llega a su punto más alto.
Cuenta esta extraña historia, que habitaba en esa cueva una hermosa dragona, cuyas escamas eran tan brillantes como el Sol y del mismo color que las rosas al florecer. No era en absoluta perversa, y nunca mal hizo. Pero el príncipe recién nombrado, era demasiado abaricioso como para dejar escapar tal fortuna. Sin embargo, la princesa, era todo bondad y cariño. Iba todas las noches a visitar a la dragona; le lavaba las escamas, le daba de comer y le cantaba perfectas melodías. La dragona a cambio, la montaba en su lomo, y sobrevolaba con ella el pequeño valle que conformaba su reino. Esto, al príncipe le molestaba mucho ya que, detestaba a la princesa, y deseaba acabar con tan extraordinario ser. Llegada esta ira del príncipe hasta tal punto que no podía ser reprimida, partió una noche tras la princesa que se dirigía, como todas las noches, hacia la cueva. Una vez allí, esperó al preciso instante en el que las dos se hallaban más desprevenidas, y las ensartó en su espada sin remordimiento alguno. A la dragona, la desescamó aún estando ella agonizante, y a la princesa le quitó el corazón, que según se cuenta, nunca por él había latido.
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