miércoles, 28 de mayo de 2008
Otra vez llaman a la puerta. Ahora sí que es él. No puedo mirarlo directamente a los ojos, me duele. Pensar que no hace tanto, el me decía "te quiero" ... Me está mirando,sé que me está mirando, aunque sea de reojo. Sus mejillas empiezan a encenderse, pobrecilla, lo debe de estar pasando mal. No sé si puedo hacer algo por ella. Ni siquiera me habla, no puedo aguantarme las ganas de hablarle, contarle todo lo que ahora pienso, contarle que, aunque él esté con otra, yo lo sigo queriendo igual... o más, ahora me doy cuenta de lo mucho que lo necesitaba. Sólo me mira ,ni una palabra va dirigida a mi directamente, ella deja que yo escuche lo que está contando y de forma indirecta es a mi a quien le está diciendo todo eso. Me gustaría tanto poder decirle la verdad... le noto en la cara que no está bien, ella lo está pasando mal pero es que Andrea, es de mi edad y no hay ningún problema en que esté con ella... pero no tiene esa inocencia que tanto me gusta de ella, esa cara que me mira como buscando algo a través de mis ojos. Me acaba de mirar, de hecho creo que llevaba un tiempo mirándome, estoy segura...
lunes, 19 de mayo de 2008
x?
Hace ya tiempo que me contaron la leyenda de la cueva del "Alto de la Gruta". Cuando lo hicieron, me pareció invención de los lugareños para darle alguna explicación a los extraños ruídos que de allí salen todas las noches cuando la luna llega a su punto más alto.
Cuenta esta extraña historia, que habitaba en esa cueva una hermosa dragona, cuyas escamas eran tan brillantes como el Sol y del mismo color que las rosas al florecer. No era en absoluta perversa, y nunca mal hizo. Pero el príncipe recién nombrado, era demasiado abaricioso como para dejar escapar tal fortuna. Sin embargo, la princesa, era todo bondad y cariño. Iba todas las noches a visitar a la dragona; le lavaba las escamas, le daba de comer y le cantaba perfectas melodías. La dragona a cambio, la montaba en su lomo, y sobrevolaba con ella el pequeño valle que conformaba su reino. Esto, al príncipe le molestaba mucho ya que, detestaba a la princesa, y deseaba acabar con tan extraordinario ser. Llegada esta ira del príncipe hasta tal punto que no podía ser reprimida, partió una noche tras la princesa que se dirigía, como todas las noches, hacia la cueva. Una vez allí, esperó al preciso instante en el que las dos se hallaban más desprevenidas, y las ensartó en su espada sin remordimiento alguno. A la dragona, la desescamó aún estando ella agonizante, y a la princesa le quitó el corazón, que según se cuenta, nunca por él había latido.
Cuenta esta extraña historia, que habitaba en esa cueva una hermosa dragona, cuyas escamas eran tan brillantes como el Sol y del mismo color que las rosas al florecer. No era en absoluta perversa, y nunca mal hizo. Pero el príncipe recién nombrado, era demasiado abaricioso como para dejar escapar tal fortuna. Sin embargo, la princesa, era todo bondad y cariño. Iba todas las noches a visitar a la dragona; le lavaba las escamas, le daba de comer y le cantaba perfectas melodías. La dragona a cambio, la montaba en su lomo, y sobrevolaba con ella el pequeño valle que conformaba su reino. Esto, al príncipe le molestaba mucho ya que, detestaba a la princesa, y deseaba acabar con tan extraordinario ser. Llegada esta ira del príncipe hasta tal punto que no podía ser reprimida, partió una noche tras la princesa que se dirigía, como todas las noches, hacia la cueva. Una vez allí, esperó al preciso instante en el que las dos se hallaban más desprevenidas, y las ensartó en su espada sin remordimiento alguno. A la dragona, la desescamó aún estando ella agonizante, y a la princesa le quitó el corazón, que según se cuenta, nunca por él había latido.
viernes, 9 de mayo de 2008
Que pasaría si...
Miré a la izquierda,no había nadie. Miré a la derecha,tampoco. Salí de mi escondrijo y la luz del sol por poco me ciega. Cerré los ojos un momento y dejé que mis pupilas se adaptasen a la claridad. Cuando los volví a abrir todo seguía igual. Eché a andar,calle arriba,sin rumbo fijo pero con una idea que me rondaba la cabeza desde la noche anterior. Iría a donde hasta ayer, estaba mi casa. Como siempre había hecho,atajé por el camino que iba entre el edificio rojo y la frutería. No había nadie. Giré a la derecha y allí estaba la preciosa verja que rodeaba mi hogar. La abrí,me recorrí el caminito de piedra que llegaba hasta la puerta rápidamente e introduje la llave que llevaba en el bolsillo de mi pantalón. La puerta se derrumbó ante mis ojos,sin darme tiempo ni si quiera a apartarme. No sabía si entrar o no,estaba todo a oscuras. Me llené de valor y puse un pié dentro del vestíbulo. Ahora estoy aquí,en esta especie de sótano. Ellos me han cogido.
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