Cogió el lápiz y se sentó con su libreta en la mesa del despacho, dispuesta a escribir un buen relato. Cuando llevaba medio hora pensando, empezó a desesperarse. Nada había nada que pudiera hacer volar su imaginación. De vez en cuando echaba un vistazo por la ventana, tras la cual no paraba de llover. No, definitivamente no podría salir por la tarde.
El día anterior, cuando el profesor les había mandado escribir su propia composición, no le había parecido tan difícil.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Muy bien. Ya te lo había dicho en clase, pero ahora releído aquí me lo ha vuelto a parecer. Muy sencillo pero muy bien contado.
Por cierto es el ejercicio tres. ¿Qué ha sido del ejercicio dos?
(¿No sobra uno de los dos nadas?)
Publicar un comentario